Sermón de Montesinos

Los primeros misioneros de Indias fueron ante todo los miembros de las antiguas ordenes religiosas; mínimos, agustinos, mercedários, carmelitas y sobre todo dominicas y franciscanos. En el siglo XVI, misioneros de la orden de Santo Domingo trataron arduamente de remediar las condiciones de los indígenas a la vez que les predicaron el evangelio no solo a las villas, sino en el interior de la isla, trasladándose “a pie, comiendo pan de raíces y bebiendo agua fría de los arroyos que hay, hartos, durmiendo en el campo y montes en el suelo con su capa a cuestas”.23

Básicamente frustrados ya que la evangelización quedó siempre sometida a las peripecias de la colonización, fueron ellos los principales defensores de la suerte indígena, efectuando su primer pronunciamiento oficial durante el sermón de un domingo de adviento de 1511. Este sermón, redactado por orden de Fray Pedro de Córdoba, vicario de la orden, y firmado por todos los frailes, fue dedicado a los principales personajes del gobierno colonial, a quienes se les envío especialmente a acudir ese domingo de misa. Córdoba designó a Fray Antón de Montesinos, predicador principal, y “aspérrimo en reprender vicios”, quien llevo a cabo magistralmente su histórica minios encarando de entrado a los presentes: “Todos vosotros estáis en pecado mortal, vivís y moriréis en este estado por la crueldad y la tiranía demostrado con estos pueblos inocentes....Quien podía autorizarlos a hacer todas estas guerras detestables con unas gentes que vivían tranquila y pacíficamente en su país, y a exterminarlas en un numero tan infinito...¿Y que cuidado os tomáis para asegurar su conversión? ¿Acaso esa gente no son hombres y no tienen un alma, una razón?”24

Posteriormente, el mismo fraile Montesinos viajó a España para informar al Rey lo que verdaderamente sucedía en la isla. Por las presiones de los religiosos y tras muchas juntas y discusiones, se comenzó a tomar conciencia del peligro que representaba para el futuro de la colonización la desaparición total de los aborígenes americanos. La Corona emitió en 1513 unas recomendaciones y ordenanzas para el gobierno de los indios, conocida como Leyes de Burgos. Estas leyes mantenían el mismo sistema exigiendo en lo posible medidas preventivas para la disminución de la alta tasa de mortalidad. Pero aunque la Corona española fuese la única que dentro de su política colonial tempranamente estableciera los derechos humanos y legales de los indígenas, las leyes de Burgos no comenzaron a cumplirse en Santo Domingo hasta finales de 1516, cuando ya era demasiado tarde para cambiar la suerte de los indios de la Española.