Agotamiento de los Indígenas: Labor de los Dominicos

D. 16. Frey Pedro de Córdoba leyendo una de las cartas que los Dominicos enviaron al rey. 1517. D. 16. Frey Pedro de Córdoba leyendo una de las cartas que los Dominicos enviaron al rey. 1517. Diseño: J. Arvelo. Dibujo: F. Castro

Buscando terminar de una vez por todas las pugnas entre encomenderos, en 1545 el Rey Fernando ordenó un repartimiento definitivo que concentro la mitad de los 25,503 indios que quedaban divididos entre un grupo selecto de los cuales varios vivían en España y 250 locales de mediana riqueza. El resto de la población española quedó sin indios, viéndose obligados a trabajar la tierra o a emigrar a otras zonas recién descubiertas. 

Según las cifras presentadas por el Lic. Roberto Cassá, la cantidad de indígenas desaparecidos hasta el 1519 seria la siguiente:

1494300, a 350,000 h.

1504150,000 h aprox.

150860,000 h censo

151425,503 a 30,000  aprox.

151911,000  aprox.

Con estos datos resulta fácil comprender la insistencia de los frailes dominicos cuando todos firmaban carta tras carta al Rey, especificándole la urgencia de parar las encomiendas aunque fuera por un tiempo, con tal de salvar las pocas vidas que quedaban, describiéndole los actos meas horrendos cometidos contra los indígenas e inclusive llegando a involucrarlo directamente como el único capaz de remediar esta desgracia, “a vuestra muy ilustre señoría encargamos la conciencia por la pasión que el Hijo de Dios por nosotros padeció, que se acuerde del día estrecho de juicio.... también pensamos que si podiéndolo remediar V.M.I.S., lo disimula, especial cuenta dará a Dios”.25

Los religiosos proponían el establecimiento de un modelo de sociedad cristiana en las aldeas indígenas, con estado legal de súbitos de la Corona y guiados de manera paternal por los frailes evangelizadores. Este tipo de modelo se pudo lograr posteriormente en otros lugares del continente americano, siendo su posibilidad resaltada por los dominicos desde los primeros años, “gentes tan mansas, tan obedientes y tan buenas, que si entre ellos entraran predicadores solos sin las fuerzas y violencias destos mal aventurados cristianos, pienso que se pudiera en ellos fundar, quasi tan excelente Iglesia como fue la primitiva.”26

Gran parte de todo el movimiento inicial se debe a Fray Pedro de Córdoba, quién llego a la Española en 1510 y fue Vicario de la Orden y luego Fray Antón Montesinos y otros pocos frailes, iniciaron la construcción del convento de los Dominicos, unos de los pocos lugares donde algunos indígenas encontraron educación y ayuda. En el mismo recinto más tarde se fundaría la Universidad de Santo domingo, primera en América. 

La labor de Córdoba es meritoria ya que además de luchador incansable por la suerte indígena, fue el principal organizador de los pronunciamientos de la temprana Iglesia Colonial, y redactor del primer manual evangelizador de los nuevos pueblos, la “Doctrina Cristiana para la instrucción e información de los indios por manera de historia", impresa en México en 1544. En esta obra, Fray Pedro sugería que a los indígenas se les iniciara la predica con las siguientes  palabras: “Muy amados hermanos; sabed y tened por cierto que os amamos de mucho corazón, y por este amor que os tenemos; tomamos muy grandes trabajos viniendo de muy lejos tierras y pasando peligros de muerte por veniros a ver; y por deciros los grandes y maravillosos secretos que Dios nos ha revelado; para que os lo digamos: y os demos parte de los bienes que Dios nos ha dado y de los grandes gozos y deleites que nos han de dar en el cielo”.27

doctrina cristianaEl continuador más importante de la obra iniciada por Córdoba fue Fray Bartolomé de las Casas, que había llegado a la Española como un joven clérico a principios del siglo XVI y fue testigo ocular de la mayoría de los sucesos, haciéndose luego fraile dominico y relator de gran parte de la historia de la conquista, publicada en su Historia de las Indias, Apologética Historia de las Indias, y Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias. Las Casas también viajó varias veces a España portando las cartas y denuncias y presionó por años hasta lograr la abolición de las encomiendas con las llamadas Leyes Nuevas de 1542. Algunos autores consideran que en ocasiones exageraba en su afán de proteger a los indígenas, sin embargo, en sus escritos nos reitera continuamente, “todas estas obras y otras, extrañas de toda naturaleza humana, vieron mis ojos”.28

Cuando los indios de la Española empezaron a escasear, se importaron contingentes indígenas provenientes de las islas Lucayas así como de las Antillas menores y el Golfo de Darién. Eran capturados y transportados apretadamente en una o dos carabelas, por lo que más de la mitad parecía en el camino. Estos indios importados poseyeron el estatus de “naborías perpetuas”. Es decir,  no sujetos a repartimientos, sino propiedad privada de su comprador. Se conoce poco del destino de estos grupos extranjeros, algunos fueron naborías hasta pasadas las Leyes Nuevas de 1542, otros, o lograron escapar a los montes o parecieron al igual que los indígenas locales.