Capitulo VII - Establecimiento del Orden Colonial

D.14. Frey Nicolás de Ovando e ingenieros planificando la ciudad de Santo Domingo. 1502. D.14. Frey Nicolás de Ovando e ingenieros planificando la ciudad de Santo Domingo. 1502. Diseño: J. Arvelo. Dibujo: F. Castro

El Gobernador Frey Nicolás de Ovando

Francisco Bobadilla Gobernó la Española con mano dura, pero intensifico los repartimientos indígenas buscando congraciare con el grupo de más de 300 españoles que permanecieron en la isla, en su mayoría ex-roldanistas. Igualmente les rebajó el impuesto sobre el oro recogido de 1/3 a 1/11 del total, lo que unido a la utilización de otros bienes reales como el ganado y tierras preferenciales, rebajó en gran medida las ganancias directas de la Corona en la joven colonia. 

En España, los Colones presionaban a los Reyes constantemente con informes sobre los agravios recibidos y los errores de Bobadilla como administrador. Los Soberanos deciden entonces enviar a las Indias un competente gobernador y escogen a uno de los últimos caballeros medievales, el austero comendador de Lares, Don Frey Nicolás de Ovando, de la Orden Militar de Alcántara. 

cruz de alcantaraEstas ordenes militares castellanas fueron un producto de la Reconquista, además de construir la principal potencia ganadera en España. Albergaban dos tipos de miembros, los freyles mílites o caballeros, como Frey Nicolás, que observaban algunos votos religiosos y habitaban en un convento hasta ser llamados a guerrear con el infidel, y los freyles clérigos, de rango superior en aspecto espiritual y con derecho a administrar los sacramentos. Al ganar batallas, las tierras y grupos humanos conquistados eran sometidos a un freyle caballero, organizándose en una unidad productiva llamada encomienda. El freyle pasaba entonces a ser un comendador, que mantenía su jurisdicción personal sobre los territorios, ovejas y personas asignadas.

De esta manera Ovando, freyle de carrera ejemplar, vendría a Indias para asentar las bases de un auténtico gobierno colonial, controlando los españoles que allí habían quedado, las 2,500 persona que con él mandaban, entre ellos miembros de la nobleza y alguna gente principal, y más que nada a los nuevos súbitos libres de la Corona, los pacíficos indígenas que aun vivían en el Neolítico y a quienes se les terminó haciendo el mismo tipo de guerra que a los anteriores capacitados y expertos árabes. Frey Nicolás y los nuevos pobladores llegaron al río Ozama el 15 de abril de 1502 con la flota más impresionante que había partido hacia el nuevo mundo, 32 barcos cargados de provisiones y de los recursos humanos básicos y necesarios. 

Entre las principales ordenes de Ovando estaban el hacerle el obligatorio juicio de residencia al ex-gobernador Bobadilla, revisar el problema de Roldán y su grupo, y asegurar, “que ningún español fuese osado a inquirir, ni agraviar, ni escandalizar los indios vecinos y moradores de ninguna de estas islas”.1 A la Corona le interesaba mucho el estado de libertad de los indígenas puesto que representaban una mayor cantidad de súbitos que podían pagar su tributo directamente a la administración colonial, a la vez que con esta medida se buscaba evitar el surgimiento de fuertes señores feudales que coartaran los intereses reales, lo que de hecho sucedería en América no solo en los años de la conquista, sino por siglos posteriores.

Al poco tiempo de llegar, el nuevo Gobernador prepara la flota de regreso embarcando a Bobadilla, a Roldán y al cacique Guarionex, que estaba preso en la Vega, junto al tesoro recaudado en esta administración: 200,000 pesos de oro, 100,000 del Rey y 100,000 de particulares.  Se embarcó también la famosa pepita de oro que una india había encontrado en los alrededores del río Haina y que supuestamente poseía un tamaño descomunal. 

En estos momentos el primer Almirante se encontraba en los alrededores de la isla y aunque la Corona le había prohibido el pasar por Santo Domingo, solicitó permiso para entrar al puerto al tiempo que le advertía al Gobernador sobre la proximidad de un huracán aconsejándole que no mandara los navíos de regreso. Ovando tenia que cumplir sus ordenes, por lo que le negó la entrada a Colón, quién se tuvo que refugiar en la bahía de Ocoa, y envío la flota a España, la cual naufragó a los pocos días en la fuerte tormenta tropical que efectivamente azotó las islas y también destruyó la villa de Santo Domingo, que a estas alturas era sólo una aldea de pocos bohíos y rústica fortaleza. 

Recién estrenándose con esta desgracia, el nuevo Gobernador y su gente tuvieron de inmediato las dificultades de abastecimiento; de la isla se estaría sacando bastante oro, pero abundaban las enfermedades, y la comida y el vestido escaseaban hasta el punto que los recién llegados, “murieron más de los 1,000 de 2,500, y los 500, con grandes angustias, hambres y necesidades quedaban enfermos”.2

De la misma manera, Ovando rápidamente se enfrentaría con los problemas básicos del desarrollo de un proyecto colonial en el nuevo mundo: en primer lugar, el grupo inicial de los 300 a 500 españoles poseían las mejores tierras y buenas cantidades de indios, y como vivían entre ellos con sus mujeres, el explotar su trabajo a través de propias estructuras sociales indígenas le resultaba fácil y directo, adquiriendo una posición relativamente poderosa y cerrando el cupo a los recién llegados. Por otra parte, la libertad jurídica que la Corona pretendía conservar para sus nuevos súbitos presento de inmediato el inconveniente de que los indígenas jamás se integrarían voluntariamente al sistema europeo del trabajo por jornal, ya que la idea de producción mercantil era algo totalmente ajeno a su esquema de vida y a sus valores culturales y sociales, era un sistema al que resultaría casi imposible adecuarlos por las buenas, algo que a los incipientes colonos no les convenía, ni tampoco les interesaba.

Frey Nicolás de Ovando implementó entonces una serie de medidas que poco a poco modelaron el estilo de la política colonial imperante en la época; una de sus primeras soluciones fue la de legalizar el estado de amancebamiento entre españoles y taínas para luego utilizar esta medida en contra del mismo grupo aduciendo que estos habían descendido a la categoría social de los nativos y por tanto no poseían los derechos a sus antiguas concepciones. De aquí en adelante se limitarían las uniones interraciales, situación que no cambio en absoluto sino para agudizar las vejaciones y el maltrato que las taínas regularmente recibían de los hombres españoles, hasta que en 1514 la Corona hiciera hincapié en la entera libertad del casamiento entre españoles e indígenas, asegurando la permanencia de los naturales de España en suelo americano e incorporando algunas indias al estatus de esposas o “mujeres decentes.”

Paralelamente Ovando le escribía a los Reyes exponiéndoles la imposibilidad de realizar un proyecto colonial rentable sin el trabajo obligatorio de los indígenas y pidiéndoles sus autorización para establecer oficial y legalmente el sistema castellano de encomiendas. 

Al mismo tiempo, el gobernador mudaba la ubicación de la ciudad de Santo Domingo a la margen occidental del Ozama por considerarla más apropiada para salir hacia los otros puntos españoles en la isla, ubicados alrededor de las minas del Cibao y de San Cristóbal. La mayor  parte de 1502 la pasó al frente de ingenieros y arquitectos supervisando la limpieza del terreno donde se habría de erigirse la nueva villa, así como trazando sus limites, plaza, plazuelas, calles y solares de vecinos. Fue su disposición que las casas fuesen hechas, “de cal y canto de manpuesto, y las portadas y esquinas de cantería labrada”3, así como que el trazado de la ciudad fuese hecho a cordel, con el plano damero derivado el “castrum” imperial romano y patrón de la nueva España en cuanto al ideal de urbanización racional en América. 

Hombre de mucha energía, Ovando también comisionaba al Piloto Andrés de Mordes para que hiciera un reconocimiento general de hasta el ultimo rincón de la Española, donde rápidamente se iniciarían los caminos vecinales que comunicarían a las nuevas villas agrupadas en torno a cabildos y que serian las células de control de la verdadera colonización, cercanas a los yacimientos mineros y aprovechando la fuerza de trabajo indígena de las diversas regiones.