Tributo de Jaragua

Terminada la fiesta el Adelantado y los monarcas procedieron a tratar el pago del tributo de Jaragua a los Reyes de Castilla. Bohechío con mucha razón alegaba “como puedo dar tributo, que en todo mi reino ni en alguna parte ni lugar nace ni se coge oro, ni saben mis gentes que se es?”14 Don Bartolomé inteligentemente le solicito tributo en algodón y casabe, a lo cual Anacaona y Bohechío accedieron con gusto ya que esta producción se les facilitaba con las condiciones de sus tierras. Al regresar a la Isabela el Adelantado la encontró peor que nunca, más de 300 hombres habían muerto de enfermedades y desnutrición, por lo que resolvió evacuar el lugar distribuyendo a los sobrevivientes en las fortalezas que se habían construido entre la Isabela y Santo Domingo, y que formaban el eje estratégico de dominación en la Española. En la Isabela solo quedaron algunos hombres para encargarse del puerto, la construcción de dos carabelas y para atender a los hatos y corrales del Rey.

En la región de la Vega Real el cacique Guarionex estaba teniendo problemas con el pago del tributo y con las quejas de sus hombres frente a las constantes vejaciones de los cristianos. Tras pequeños alzamientos, Don Bartolomé se trasladó desde Santo Domingo para sofocar la incipiente rebelión. Hizo preso a Guarionex y mando a quemar varios conspiradores, pero dada la manifestación de “5,000 hombres, todos desarmados, dando ladridos... suplicando que le diesen su rey Guarionex”15, el Adelantado lo puso en libertad, y ya que Anacaona y Bohechío habían avisado que su primer tributo estaba listo, partió de nuevo a Jaragua para cargar una carabela con casabe, “cuatro ovillos de algodón hilado que apenas un hombre podio uno levantar”16, así como muchos duhos y naguas de algodón. Las relaciones tributarias entre Xaragua y los españoles, caminaron a las mil maravillas; con el casabe Bartolomé pudo alimentar a sus hombres y el algodón se vendería a muy buen precio en Europa.