Problemas con los Indígenas

Desde que bajan los 400 hombres a la Vega Real, que a estas alturas ya eran más “canallas que hidalgos”5, empiezan los problemas con los abundantes poblados indígenas del área. Los cristianos hambrientos se apropian en primer lugar de su comida, “y sobre que los indios cumpliesen con ellos a su voluntad lo que les pedían, sobraban amenazas y no faltaban bofetadas y palos, no solo a la gente común, pero también a los hombres nobles y principales que llamaban nitaynos, hasta llegar también a poner amenazas y hacer desacatos a los señores y reyes,”.6

En segundo lugar, provenientes de un medio en que la sexualidad equivalía a censura, se podría decir que los españoles enloquecieron a la visión de jóvenes y desnudas taínas, procediendo a “tomarles las mujeres y las hijas por fuerza, sin haber respeto ni consideración a persona ni dignidad”7, entrando al parecer en un frenesí “sin resistencia de sensuales deleites”, como les criticara Las Casas. En vez de hallar y sojuzgar toda la isla los primeros conquistadores se sumieron en un estado anárquico donde las violaciones de índole moral y carnal eran cosa de todos los días.

El 24 de junio llega una flota de España en la que viene otro hermano de Colón, Bartolomé. Esta es aprovechada por el padre Boyl y Pedro Margarit entre otros, quienes “llegados a la corte, pusieron en mucho abatimiento e infamias las cosas de estas Indias, publicando que no había oro ni cosa de que se pudiese sacar provecho alguno, y que todo era burla cuanto el Almirante decía”.8

En su regreso de Cuba el Almirante hizo un reconocimiento de la costa meridional de la Española, donde descubrió la desembocadura del río Ozama en un desplazamiento más favorable que la Isabela para fundar una ciudad. Aquí recibió de los indios información acerca de los montes de oro que se divisaban desde la costa, donde en efecto se encontrarían pronto las vetas de las que luego se recogieron cantidades de oro muy apreciables en las minas que el Almirante llamo de San Cristóbal. 

Llega Colón a la Isabela gravemente enfermo en septiembre de ese mismo año, 1494. Su condición lo mantiene en cama durante algunos meses, designando a Bartolomé en calidad de Adelantado para suplirle.

Mientras tanto, poco se había avanzado con la localización y extracción del oro en el Cibao. En las instrucciones metamórficas de la cordillera central se encontraban considerables depósitos de este metal, pero el terreno era difícil y las rocas auríferas casi imposible de localizar y de explotar sin las debidas herramientas. Por esta razón, la mayor cantidad de oro que se pudo recoger inicialmente era el que bajaba de las montañas, depositándose en la arena y las orillas de los ríos. La ardua tarea de buscar estos depósitos, y lavar arena constantemente era rechazada por los indios, que solo utilizaron el oro para decoraciones corporales y otros objetos, y que con su sistema de conuco tenían todo lo necesario para vivir sin mucho esfuerzo.

La administración de los Colones se encontraba frente al problema de su mano de obra; los indios evadían el trabajarle a los cristianos, los hidalgos mantenían su resistencia, y los hombres del fuerte de la Vega Real quedaron sin control con la salida de Margarit, esparciéndose entre los poblados y siendo algunos eliminados por los saturados indios.