Fundación de la Isabela

D. 10. Primera misa en la Isabela. 6 de enero de 1494. D. 10. Primera misa en la Isabela. 6 de enero de 1494. Diseño: J. Arvelo. Dibujo: F. Castro

Abandonó estas tierras y se fue a fundar el primer establecimiento español en América un poco más al noreste, cerca de donde había encontrado a Martin Alonzo el año anterior.

La fundación de la Isabela se celebró oficialmente el 6 de enero de 1494, día de la Epifanía, con una misa encabezada por Fray Bernardo Boyl.

Desde el inicio de la Isabela, el Almirante comenzó a dar muestras de ser un gran navegante, pero con poco talento para la planificación de la colonia. 

En un territorio abundante en recursos hidrográficos, con grandes y profundas bahías, al igual que regulares lluvias, Colón se ubica en un pequeño puerto de poca profundidad, que si bien quedaba cercano al Cibao igual que mejores opciones, no era más que un bosque seco tropical de tierra arenosas y pobres condiciones para los cultivos europeos, a varios kilómetros del río más cercano. Peor aun, las tierras bajas y pantanosas de los alrededores eran el lugar perfecto para la incubación para las enfermedades infecciosas que rápidamente empezaron a crear bajas entre los expedicionarios.

Recién llegados a este lugar, el Almirante ordenó la salida de dos expediciones exploratorias; una al mando de Alonzo de Ojeda para investigar la ubicación de las minas y ríos auríferos del Cibao; otra de cinco carabelas que bordearon la isla y tomaron rumbo sur con encargo de confirmar la existencia de Tierra Firme.

Ojeda y sus hombres regresan a los pocos días con pruebas tangibles del oro recogido por ellos mismos en los ríos del Cibao, y cierta información sobre el poder y la abundancia de oro del temeroso cacique Caonabo, cuyos dominios incluían la mayor parte de ese Cibao. La exploración a Tierra Firme también regresó con hallazgos positivos; habían alcanzado la región perlífera de Cumaná en la actual costa venezolana, recorriendo la costa continental hasta lo que hoy es Cartagena de Indias.

En el ínterin del regreso de sus exploradores, llegó a la Isabela una flota de socorro a mano de Antonio de Torres, que dejó nuevos abastecimientos de provisiones y retornó a España con 12 de los 17 navíos originales cargados de hombres enfermos y desencantados. Al igual que de un contingente de indios esclavos capturados entre los grupos más hostiles. Colón le mandaba a los Reyes la cantidad de 30,000 ducados en oro (alrededor de 70,000 dólares actuales), asegurándoles la cercanía del oro, a la vez que les solicitaba más armamentos y pertrechos, probablemente para poder utilizar los que ya tenía en su próxima expedición que se haría por tierra al interior de la Española para finalmente descubrir las minas y construir una fortaleza en la región del oro, el valle del Cibao.