Apresamiento de Cristóbal Colón

Cuando finalmente el oro aparece en cantidades considerables, y los indígenas y españoles están controlados con un gobierno represivo de los Colones ayudados por Roldán, los Reyes, escandalizados con las noticias y las cartas de la ultima flota, deciden sustituir a Don Cristóbal y designan juez pesquisidor de Indias con plenos poderes por encima del Almirante a Don Francisco Bobadilla, comendador de la orden de Calatrava. 

El 23 de agosto de 1500 el nuevo Gobernados llega con dos carabelas al río Ozama y lo primero que encuentra son siete españoles recién colgados en la emplanada de la joven ciudad. Al bajar a tierra es recibido por Don Diego quien le informa que el Almirante anda sofocando una rebelión en la Vega Real y que el Adelantado estaba en Jaragua en otro movimiento ofensivo por el estilo. Los siete ahorcados eran parte de un grupo de rebeldes que habían sido atrapados y juzgados, y de los cuales quedaban cinco todavía en prisión listos para ser colgados el día siguiente. 

Bobadilla era un hombre con vasta experiencia militar y al parecer de pocas palabras; el día siguiente juró y tomó posesión de su cargo en la puerta de la iglesia, ordenándole a Diego la entrega de los presos así como de toda la fortaleza, navíos, establecimientos de la Corona y el pago de los sueldos atrasados de los españoles en las isla que llevaban meses sin cobrar. Al este negarse, lo cargó de grillos y lo metió en una carabela al tiempo que se apodero de la fortaleza asegurando la vida de los presos y siendo en todo momento ayudado por la guarnición local. De la misma manera envío a Colón un religioso y un tesorero con la carta de los Reyes Católicos notificándole el traslado de sus poderes, y la orden de que se presentara en Santo Domingo. 

Al regresar, el Almirante se encuentra con Bobadilla instalado en su residencia pagando los atrasos de todo el mundo con sus propios bienes personales. Fue de inmediato encarcelado en la fortaleza ya que el juez pesquisitor había abierto un proceso contra los Colones apoyado por varios testigos que acumularon contra ellos cantidades de acusaciones, muchas verdaderas y otras producto del recelo y la envidia. 

Don Cristóbal le aconsejó a sus hermanos obedecer a los Reyes Católicos y acatar pacíficamente las ordenes del emisario. El Adelantado había regresado de Jaragua acompañado de Roldán quien fue prontamente perdonado por Bobadilla y por supuesto, se sumó con los suyos al bando del nuevo Gobernador. 

Los Colones se vieron solo acompañados por insultos y blasfemias de una muchedumbre enardecida que según Las Casa, “de día y noche no cesaban”. Sin embrago, al embarcarlos nadie se atrevía a ponerle los grillos al Almirante, solamente “un cocinero suyo desconocido y desvergonzado... con tan desclavada frente se los echo...Estos grillos guardo mucho el Almirante y mando que con sus huesos se enterrasen en testimonio de lo que el mundo suele dar a los que en él viven por pago”.29

De forma tan drástica partieron de la Española el Almirante de la Mar Océana y sus dos hermanos en octubre del año 1500. El capitán de la nave se ofreció a quitarle los grillos, “pero no consintió el Almirante hasta que los Reyes se lo mandasen a quitar”.30 El viaje fue rápido y al llegar a España le pudo enviar una carta a los Reyes quienes al parecer no pensaron que Bobadilla iba a llevar las cosas a tal extremo, y ordenaron de inmediato la libertad de los Colones a la vez que le mandaban cierta cantidad de dinero para que se pudiera presentar en la corte. Al entrevistarse con Don Cristóbal lo consolaron en su desgracia asegurándole que mandarían a “deshacer y remediar todos sus agravios”.

Pero la verdad era que el Almirante solo conservaría sus títulos iniciales y su merecido lugar en la historia. Aunque los Reyes Católicos le habilitaran un cuarto viaje en 1502 ya el nuevo Continente por él descubierto se le terminaba de escapar de las manos. Nuevos exploradores, más jóvenes y con menos atribulaciones, surcaban aquellas aguas guiándose todavía por las experiencias y los mapas del primer Almirante. 

Tal vez sus últimos años hubiesen sido mejores de no haberse obstinado en llevar a cabo personalmente el proyecto económico y político de la conquista más ambiciosa de la humanidad. Más navegante que administrador, Cristóbal Colón se vio muchas veces atrapado en su propio éxito, siempre buscando el tesoro que justificara sus empresas, y teniendo que gobernar a un pueblo ajeno en tierras nuevas de la única manera comprensible par la violenta sociedad de su tiempo; por medio del terror.

El Almirante de la Mar Océana no estaba hecho para controlar el primer puesto colonial en un nuevo mundo; su verdadero talento lo desarrolló en el mar, hacia cuya seguridad siempre escapaba tan rápido como podía desprenderse de sus obligaciones en tierra.

mapa antiguo de la isla