sello taino

Capitulo II – Los Primeros Pobladores

D.1 Habitantes Arcaicos. Aprox. 3,000 A. C. D.1 Habitantes Arcaicos. Aprox. 3,000 A. C. Diseño: J. Arvelo. Dibujo: F. Castro

Hacia el 6,000 antes de Cristo, grupos humanos recolectores de Sudamérica iniciaron un proceso migratorio en dirección a las islas del mar Caribe. Realizaron esta hazaña en rústicas embarcaciones, siendo favorecidos por movimiento natural de las corrientes, descubriendo a su paso inmensas zonas de manglares que les proporcionaron una dieta rica en proteínas animales y vegetales por los siguientes 3 o 4,000 años. Además del mangle, los bancos coralíferos circundantes, vastos llanos costeros y un clima tropical lluvioso al que ya estaban acostumbrados, propiciaron la entrada de estos individuos con un estilo de vida seminómada basado en la caza y la recolección, sin el conocimiento de la agricultura, la cerámica, o de grados de especialización del trabajo. Sociedades cuyas necesidades se reducen a alimentación y albergue, con ciclos vitales básicos de pubertad, procreación y muerte.

Este tipo de existencia impone estrictas limitaciones para sobrevivir, ya que un mayor numero de personas no puede practicarla en un espacio limitado de abastecimiento; de la misma manera, el llegar a la adultez resultaba difícil debido a traumatismos comunes (accidentes, fracturas), por lo que la edad media de vida se ha calculado entre los 15 y 25 años, aproximadamente.

El Hombre de las Cavernas

La presencia humana más antigua en Santo domingo se ha localizado al suroeste de la isla en la provincia de Pedernales, en Puerto Alejandro y en Mordán, región de Barrera, en la provincia de Azua. Con fechados desde el 2,600 antes de Cristo, los Arqueólogos Marcio Veloz y Elpidio Ortega describen la región Barrera como una “virtual mina de sílex de unos 6 km.2, atravesada de oeste a este por el arroyo Mordán. Al sur, a solo 3 km. de la costa se extienden restos del amplio manglar que debió ser mucho mayor en épocas prehistóricas".1

Probablemente este grupo se abasteció de dicho manglar, las playas arenosas, y acantilados del sur hasta aprox. el 600 o 700 antes de Cristo. Utilizaron una técnica de trabajo en sílex con la que obtuvieron instrumentos como cuchillos, puntas de lanzas, raspadores, y perforadores; herramientas que les servían tanto para cazar y pescar, como para cortar y preparar los alimentos.

Su dieta consistió básicamente en peces, caracoles de tierra y de mar, moluscos de tierra, cucarachas de mar (Chitón tuberculata), frutos silvestres, y probablemente, aunque no se han intensificado restos de grandes animales, en el Carey (Eretmochelys inbricata) y el Manatí (Manatus americanus), quienes abundaban en el área, y resultaban presa relativamente fácil de cazar. Se cree que pescaban y cazaban alrededor de los llanos costeros, utilizando las cuevas como albergue de las adversidades del clima.

En un principio, estos grupos se clasificaron dentro de la categoría del “Paleoindio”, recientemente se ha preferido llamarles “Grupos Arcaicos Tempranos”. De todas formas, la gente de Mordán, con su antigua tecnología paleolítica, representan una versión antillana de la Edad de Piedra Continental.

Escena D2 Manglar

D. 2. Pesca en los Manglares. Aprox. 1,000 A. C..
Diseño: J. Arvelo. Dibujo: F. Castro,

La Vida en el Manglar

Al grupo de Mordán sigue en el tiempo un ocupante que habita las zonas costeras de gran parte del este de la isla desde el 2,100 A.C., aproximadamente. Los asentamientos más importantes se han localizado en Hoyo de Toro, Madrigales, El Porvenir y El Caimito, en la provincia de San Pedro de Macorís.

Estos grupos subsistieron en base a la recolección de frutos, raíces, semillas, nueces silvestres, y la explotación directa de la fauna del manglar. En las raíces del mangle, se reproducen y desarrollan millones de peces así como ostiones, bivalvos, y crustáceos, entre otras especies, fuera del agua, sus tupidos troncos sirvieron de hogar para cierta variedad de fauna terrestre como la Hutía o Jutía (Plagiodontia aedium), el Mohuí y otros tipos de mamíferos que habitaron las tierras antillanas en tiempos precolombinos. Las copas de este noble árbol son el perfecto lugar de anidamiento para gran diversidad de aves marinas entre las que se destacan varios tipos de garzas (Flia Ciconiiformes), la Gallareta (Gallinula chloropus), el Zaramagullón (Podilymbus podiceps) y la Tijereta (Fregata magnificens). Como bien destaca el Dr. Veloz Maggiolo, “ligado al mar y al río, el manglar es el sitio ideal de recolección: produce proteínas naturales todo el año, atrae animales silvestres en las zonas más potables de sus aguas salobres, y mantiene un nivel de reproducción animal difícilmente agotable por una banda de 30 a 100 personas”.2

Se considera al yacimiento de El Porvenir, el lugar donde los grupos del “Mesoindio” o “Arcaicos tardíos” lograron un mayor desarrollo cultural. Allí se encontraron grandes manos de piedra de tipo cónico, morteros, hachas de tipo mariposoide y petaloide, bolas líticas y bastones de cabeza redondeada; presentando algunas de las piezas un delicado pulimento y cierto decorado de formas simétricas. La concha, especialmente de Lambí (Strombus pugilis), fue ampliamente utilizada para raspadores y perforadores. En algunos lugares se encontraron pesas para redes, lo que introduce la posibilidad de cestería, tejido y posiblemente, cordelería.

Junto a guayos y ralladores de coral, el descubrimiento de polen de raíz de guáyiga (Zamia debilis) en El Porvenir y El Caimito, hace suponer que en la isla de Santo Domingo la guáyiga formo parte de la dieta local por largo tiempo antes de que se cultivara la Yuca, base de sustento de las sociedades agrícolas posteriores.

A partir del siglo I de nuestra era, a las costas antillanas llegan grupos arawacos procedentes de la zona orinoco-amazónica de Sur América. Su presencia provocó un continuo desplazamiento de los habitantes locales hacia el oeste. En el momento de contacto con el europeo, los cronistas describen a un poblador de características arcaicas que habitaba en el oeste de la isla Española y en el occidente de Cuba. Estos eran llamados Ciboney por los posteriores Taínos, lo que en su lengua significa “hombre de piedra” o “cavernícola”. Probablemente, serian estos los últimos grupos Arcaicos Antillanos.

caracolito

Capitulo II – Anotaciones

Viñeta Decorativa Caracol Strombus. Dibujo de Betsy Arvelo

1. Marcio Veloz y Elpidio Ortega. El Precerámico de Santo Domingo. Papeles Ocasionales No. 1. Santo Domingo, 1973. págs. 2 y 3
2. Marcio Veloz M. Las Sociedades Arcaicas de Santo Domingo. Co-ediciones Museo del Hombre Dominicano y Fundación García Arévalo, Inc. Santo Domingo, 1980, pág. 35.